Apolo
Apolo, hijo favorito de Zeus, es el dios del sol, de las artes, de la profecía y del tiro con arco. Era hermano gemelo de Artemisa, diosa de la luna. Los dos eran venerados por su pureza y conocidos por su lejanía e inaccesibilidad
Se encuentra muy cómodo en el reino del intelecto, la voluntad y la mente. Rechaza todo lo que se le acerca demasiado, involucrarse en las cosas, así como la fusión profunda con el otro.
Apolo como arquetipo personifica el aspecto de la personalidad que busca definiciones claras, valora el orden y la armonía y prefiere contemplar la superficie a lo que se esconde bajo las apariencias. Prefiere el pensamiento al sentimiento, la distancia a la proximidad, la lógica a la intuición. Tiene voluntad y destreza y cumple sus objetivos.
Apolo valora la prudencia, evita el peligro físico, no se deja llevar por las emociones, es buen observador. En nuestra cultura se valora y se potencia mucho el arquetipo de Apolo.
El hombre Apolo es frio y distante y evita los conflictos emocionales. Le cuesta mucho relacionarse de forma personal con alguien. Cuando las emociones entran en conflicto, él se retira. Como hombre, ha de trascender el arquetipo para ser algo más que un dios distante, para ser él mismo.
La tarea de Apolo es trascender los límites de la mente lógica y racional. Él vive conscientemente solo en el hemisferio izquierdo y su sentido de la identidad es “Pienso luego Existo”. Ha de conocer los asuntos del corazón y habitar su cuerpo. Tiene que dejar sitio a Dionisos, dios de la fusión profunda, del éxtasis y la embriaguez mística (puro hemisferio derecho). Ha de buscar la oportunidad de vivir el momento, de sentir. Para todo Apolo la forma más fácil de conectar con Dionisos es a través de la música y la danza.
Apolo tiene que liberar su ánima, su mujer interior. Representa el aspecto femenino de cada hombre, el reino del sentimiento y las relaciones. El ánima está vinculada con la emotividad, con la capacidad de acercamiento y de receptividad
Cuando Apolo hace caso a su corazón, se vuelve humano, sabe que puede fallar y que es vulnerable. Puede asumir riesgos y abandonar la distancia emocional que le había mantenido aislado.
* Basado en los libros de Jean Shinoda Bolen: «Los dioses de cada hombre» y «Las diosas de cada mujer».